24.9.10

Aldo se suma al debate

Aldo se mete en el debate comparando el desarrollo reciente de los países del cono sur.
Y, ya que está, levanta el trabajo de AEDA para reconstruir la densidad nacional.
Un grande!



Por Aldo Ferrer

Desarrollo comparado: Argentina, Brasil y Chile

23-09-2010

En el debate sobre situación de la economía argentina es frecuente la comparación con Brasil y Chile. Particularmente en foros del sector privado predomina la idea de que nuestros vecinos crecen e invierten más y cuentan con mayor capacidad de resistencia frente a la crisis internacional. La causa sería que las políticas de nuestros vecinos son mejores que las nuestras, ente otras razones, porque en ellos prevalecen la seguridad jurídica y la previsibilidad en las decisiones públicas. De este modo, existiría en esos países un mejor ambiente para la inversión y el desarrollo económico y mayor fortaleza para responder a las turbulencias internacionales.

Si la observación fuera correcta, el crecimiento actual de nuestros vecinos sería más elevado que el nuestro y mayor la tasa de inversión. Sin embargo, desde 2002, cuando culmina la crisis económica argentina, hasta la actualidad, el crecimiento de la economía argentina duplica aproximadamente el del Brasil y Chile y la tasa de inversión es mayor aquí que en Brasil y comparable con la de Chile. A su vez, la Argentina logró compensar el impacto de la crisis mundial sobre la situación interna tan bien o mejor que Brasil y Chile. Las perspectivas para este año y el futuro previsible sugieren que nuestro país sigue y continuará registrando un crecimiento de la inversión y el producto, por lo menos semejante y probablemente mayor que en esos países hermanos. Lo mismo sucede con la capacidad de respuesta frente a cambios futuros de la economía mundial. El indicador en el cual la comparación es desfavorable para la Argentina es el de inflación.

Cabe observar que en el transcurso de esta década los tres países se beneficiaron con la mejora de los términos de intercambio. Brasil y Chile, probablemente más que la Argentina, por la mayor valorización de los minerales respecto de los productos agropecuarios. El contexto externo no es, por lo tanto, un factor explicativo del actual crecimiento más elevado de la economía argentina.

Respecto de la inflación, cabe observar que, también en los tres países, se verifican condiciones de solvencia fiscal, superávit en los pagos internacionales y políticas monetarias no expansivas del gasto. En este escenario compartido de solidez macroeconómica, incluyendo la reducción de los niveles de endeudamiento externo, la mayor inflación, en nuestro caso, refleja, principalmente, un comportamiento inercial de los precios fundados en hipótesis de aumentos asumidos por los actores económicos. La situación argentina hereda la memoria inflacionaria de un país como el nuestro que, el siglo pasado, tuvo el récord mundial inflacionario con varias hiper incluidas. Refleja también la ausencia de una estrategia específica para enfrentar esta singularidad del comportamiento de los precios, sin recaer en esquemas tradicionales de ajuste que siempre son parte del problema y nunca de la solución.

En conclusión, las tendencias económicas de esta década no desautorizan, en términos comparativos, salvo en el tema inflacionario, el acierto de la política económica argentina respecto de la brasileña y la chilena. En el pasado, más precisamente en el cuarto de siglo anterior al 2002 (1976-2001), es cuando, efectivamente, la política económica argentina no resiste la comparación con la de nuestros vecinos. En ese período, mientras Chile más que duplicó su ingreso per cápita y Brasil lo aumentó en 30%, en la Argentina cayó 10%. En el mismo período, el PBI total de la Argentina, respecto del de Brasil, cayó del 47% al 27% y del de Chile, de 480% a 170%. Simultáneamente, se registró en nuestro país un profundo deterioro de la situación social y un desorden económico gigantesco que incluyó el derrumbe del régimen monetario y el default sobre la deuda pública y privada.

Es pertinente observar que en los tres países, en ese cuarto de siglo previo a la crisis argentina del 2001/02, predominó el paradigma neoliberal. Sin embargo, fue sólo en la Argentina, después del golpe de Estado de 1976 hasta 1983 y en la década de 1990, en donde las “reformas estructurales” neoliberales se llevaron hasta las últimas consecuencias, incluyendo el desmantelamiento del Estado.

Entre tanto, el Estado brasileño consolidaba el desarrollo de Petrobras, promovía la conversión de Embraer en la tercera productora de aeronaves del mundo, impulsaba el desarrollo de las empresas “campeonas” nacionales en la infraestructura y en industrias de base y sustentaba el financiamiento en poderosos bancos públicos; en primer lugar, el Banco Nacional de Desarrollo que, en la actualidad, aporta el 20 % del total del crédito en la economía, enfocando sus préstamos a los sectores estratégicos.

En Chile, después del estancamiento de la década de 1970 y del fracaso del experimento de los Chicago boys, al comienzo de la dictadura, el Estado conservó, aun dentro de la primacía del discurso neoliberal, un papel decisivo en la conducción de la macroeconomía, los niveles de endeudamiento y promoción de inversiones. Un ejemplo notorio de la diferencia con la experiencia argentina es la posición dominante que el Estado chileno conservó en la explotación y la renta del cobre. Después del retorno a la democracia, el sector público fortaleció funciones esenciales en la conducción de la macroeconomía y el impulso al desarrollo.

En la Argentina, en el mismo período 1975-2001, además de la tragedia de la violencia y el terrorismo de Estado, sufrimos la guerra y la derrota en Malvinas y una política sistemática de desmantelamiento del poder nacional. Se vendieron y extranjerizaron YPF, la fábrica de aviones de Córdoba, las empresas públicas y las mayores privadas nacionales, disolvió el Banco Nacional de Desarrollo (creado en 1970 durante mi desempeño en el Ministerio de Economía) y endeudó el país hasta el límite de la insolvencia. Esta serie de calamidades demolió buena parte de la capacidad industrial del país, como lo demuestra el hecho asombroso de que, entre 1975 y 2002, el producto industrial per cápita cayó en 40%. Las consecuencias sociales fueron abrumadoras.

En resumen, el recorrido comentado de las tres economías refleja, esencialmente, el distinto comportamiento del Estado. En Brasil y Chile, bajo regímenes de facto o civiles, el Estado mantuvo elementos básicos del poder nacional de decisión y de impulso al desarrollo. En la Argentina, tanto bajo un régimen de facto (1976-83) como constitucional (década de 1990), se pusieron en práctica políticas demoledoras del poder nacional, incluyendo la dispersión del poder decisorio en la explotación de los recursos del subsuelo bajo la última reforma de la Constitución. Esta diferencia notable con los otros dos países refleja la debilidad relativa de nuestra densidad nacional, en particular la ausencia de impronta nacional en sectores importantes de la dirigencia y su subordinación a lo que Arturo Jauretche denominaba la “colonización cultural” y Raúl Prebisch “el pensamiento céntrico”.

En el mismo sentido, la recuperación del país después de la salida de la crisis del 2001/02 y el favorable comportamiento relativo actual de la economía argentina respecto de las de Brasil y Chile, puede explicarse por la reaparición del Estado como un protagonista esencial en el proceso económico, tal cual sucede en toda economía moderna. Ejemplo en tal sentido es la recuperación del gobierno de la macroeconomía y del manejo de recursos públicos, como los canalizados a través del sistema previsional.

Este fortalecimiento de la densidad nacional es también observable en el retroceso de la ideología neoliberal y del “pensamiento único”, desautorizados por la catástrofe que provocaron en la Argentina y, poco después, en la economía mundial. De este modo, ha vuelto a surgir un pensamiento crítico como, por ejemplo, el reflejado en las contribuciones del grupo Fénix de la Universidad de de Buenos Aires o las de los jóvenes economistas agrupados en AEDA (Asociación de Economistas para el Desarrollo de la Argentina).

El estudio del desarrollo comparado entre países, por ejemplo, entre Argentina, Brasil y Chile, es un ejercicio muy útil, del cual puede aprenderse mucho para mejorar la calidad de la política económica argentina. Siempre y cuando se fundamente en una adecuada perspectiva histórica y la apreciación objetiva de los datos de la actualidad.

* Director editorial

14.9.10

Homo Economicus Vota EL GERMEN

En las elecciones del CECE, votamos a la alternativa nacional y popular con más de 6 años de construcción.

La plataforma online (muy linda por cierto) aquí: http://www.elgermen.com.ar/wordpress/plataforma/

Saludos,
esperamos por el voto a la LISTA 10, EL GERMEN

12.9.10

¿?

Díficil entender por qué La Nación publica esta nota de Rodrik.

Este muchacho critica en una nota cortita todo el modelo económico que La Nación defiende tan fervientemente.

Históricamente, las regiones pobres han adoptado el modelo de "salida de excedentes". Esto supone exportar a otras partes del mundo productos básicos y recursos naturales, tales como productos agrícolas y minerales.

Así es como la Argentina se enriqueció en el siglo XIX y como los estados petroleros han acumulado riqueza en los últimos 40 años.


Este modelo tiene dos debilidades. En primer lugar, depende mucho del crecimiento rápido de la demanda externa. Cuando esa demanda no se mantiene, los países en desarrollo se enfrentan a una situación en la que los precios de las exportaciones se vienen abajo. En segundo lugar, no estimula la diversificación económica.

El desafío central del desarrollo económico no es la demanda externa, sino el cambio estructural interno. El problema de los países pobres es que no producen los bienes adecuados. Deben emprender una reestructuración en la que se sustituyan los productos primarios por actividades de mayor productividad.

What?? Leé de nuevo. Argentina granero del mundo era un modelo como el de los países petroleros, que no lleva al desarrollo económico, porque es muy dependiente de la demanda externa, encima de productos con dinámicas de precios complicadas, y además porque no genera diversificación económica. Entonces lo que hay que hacer es salir del modelo primario y avanzar en otras actividades de mayor productividad (por suerte no nombra a la industria, sino ya era un escándalo esto). Pero esto no es todo!

El tipo de cambio real es de suma importancia, puesto que determina la competitividad y rentabilidad de las actividades comerciales modernas.

Muchos países en desarrollo permitieron que sus monedas se sobrevalúen, confiando en el auge de la demanda de productos básicos o en los flujos financieros.

O sea, hay que tener un tipo de cambio competitivo, evitando la apreciación que generan los flujos financieros o las exportaciones primarias. Como hizo la nueva niña mimada del establishment, Brasil, no?

Yo que se. Si yo fuera un conservador que cree que el país se va a salvar con la demanda de soja de China e India y con la decimotercera revolución de las pampas, leer esta nota en mi diario me haría atragantar el almuerzo del domingo.

PD: se ve que en Harvard andan pensando boludeces parecidas a las que defiende Aldo Ferrer & Company por estas tierras, no? Como se expande la ignorancia!

6.9.10

Luche y vuelve

¿Vuelve el compre nacional?

Ya es hora.

Mejorar la intervención

Por Andrés Tavosnanska *

La industria argentina atravesó en la post convertibilidad un período de expansión extraordinario. Tras un cuarto de siglo de desindustrialización (1976-2001), se levantó y prácticamente duplicó su nivel de actividad, creó alrededor de medio millón de puestos de trabajo registrados e incrementó sus exportaciones en más de 30 mil millones de dólares (correspondiendo cerca de la mitad de la suba a las manufacturas de origen industrial); todo en apenas seis años. Cualquiera que se hubiera animado a pronosticar un desempeño remotamente parecido allá por los años 2002-2003, seguramente hubiera sido enviado de urgencia a una institución psiquiátrica. Sin embargo, así ocurrió.

La dinámica de la producción manufacturera tuvo como motor al nuevo modelo macroeconómico surgido de las ruinas del uno a uno, el cual combinó un tipo de cambio real alto, con retenciones crecientes a los principales productos primarios, tasas de interés reales bajas o negativas, tarifas de servicios públicos subsidiadas y una política fiscal y de ingresos expansiva. Este contexto macro le dio a la industria un mercado interno en franca expansión, mientras gozaba al mismo tiempo de costos reducidos. Sin embargo, si algunas de estas condiciones iniciales podrían convertirse en rasgos estructurales del nuevo modelo (como la disminución de la renta financiera), otras difícilmente se repitan: en particular, parece poco probable (y, menos aún, deseable) un retorno al salario de 400 dólares que la industria pagaba en 2002-2003.

¿Puede la industria argentina ser competitiva sin hacerlo a costa de nuevas devaluaciones y caídas del salario real? Los pocos países que lograron emprender procesos de desarrollo productivo sostenidos se apoyaron no sólo en modelos macroeconómicos “prodesarrollo”, sino también en la articulación de un entramado institucional para la promoción industrial que combinó –en distintas dosis– bancas de desarrollo, laboratorios y universidades públicas, empresas estatales y oficinas públicas encargadas de controlar el comercio exterior y la distribución de cuantiosos beneficios fiscales. Estas medidas fueron acompañadas, además, por políticas complementarias de distintas áreas de gobierno, desde la infraestructura hasta la educación básica.

A pesar de que muchos intentan asociar a la promoción industrial con prácticas vetustas que atrasan dos siglos, estas políticas fueron y son aplicadas por numerosos países con marcado éxito. Cabe recordar el rol que el Instituto Nacional de Salud y el Pentágono tuvieron (y tienen) en el desarrollo de las industrias farmacéutica y electrónica en Estados Unidos; el peso del Bndes financiando la transnacionalización de las grandes empresas brasileñas (Vale do Rio Doce, JBS, Petrobras, etc.) o el de Embraer en la industria aeronáutica del mismo país; la influencia de la Fundación Chile y la Corfo en el despegue del salmón chileno; la importancia de la acería Posco en la expansión de la industria metalmecánica coreana o de la burocracia del MITI (Ministerio de Industria y Comercio Internacional de Japón) y en el desenvolvimiento de la industria japonesa.

Nuestro país no estuvo ajeno a este proceso: armó en su momento una compleja red de estímulo a la producción manufacturera que hizo posible que la industria argentina creciera de forma continua durante casi medio siglo de industrialización sustitutiva de importaciones (4 por ciento anual entre 1930 y 1975). Sin embargo, en las décadas siguientes este sistema fue desarticulado, dejando a la industria argentina compitiendo en inferioridad de condiciones, incluso con países vecinos como Brasil y Chile, que no llegaron tan lejos en la destrucción de sus bancos estatales y sus principales empresas públicas.

El futuro de la industria local depende fundamentalmente de que el país pueda reconstruir las capacidades estatales perdidas, ampliando y mejorando la calidad de la intervención pública. No se trata de recuperar las instituciones del siglo pasado, sino de aprender de esa experiencia (y de la internacional) y utilizarla para construir un nuevo sistema de promoción industrial que se adapte a las necesidades y desafíos actuales de la estructura productiva.

La industria argentina mostró en estos años la potencialidad que tiene en rubros tan disímiles como la tecnología nuclear, maquinaria agrícola, instrumental médico, biocombustibles, diseño de indumentaria, software o biotecnología, por sólo nombrar algunos. Dejó en claro también el impresionante impulso que le puede dar un modelo macro orientado hacia la producción. Esperemos que en los próximos años podamos comentar los efectos que tuvieron la implementación del compre nacional, la creación de una banca de desarrollo o las audaces apuestas tecnológicas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

* Economista de AEDA.

5.9.10

Intereses, no?

Siempre quise tener un amigo trosko, militante del PO o afín. Y hace unos meses lo tengo. Me divierte escuchar sus argumentos y descubrir siempre en ellos la ingenuidad propia de un nene de 5 años. El otro día lo hice discutir con una amiga mía que me dijo "nunca había discutido con un trosko" y me sentí como un padre llevando a su hijo por primera vez al zoológico.

Bueno, esta introducción viene al caso porque hoy leyendo una nota en la Nación sobre evasión y la estructura tributaria, recordé uno de sus principales argumentos para correr al kirchnerismo por izquierda, y básicamente era "ninguna medida del kirchnerismo tocó los intereses de algún grupo económico, más allá de la pelea con Clarín". Según él, todas las medidas era aprovechar el crecimiento de la torta, pero nunca repartir la torta ya existente.

Y me ennumeraba más o menos las reformas del kirchnerismo y me decía "retenciones, fue sacarle un poquito de lo que le diste con la devaluación; la AUH fue con los fondos de la ANSES que vienen de los jubilados y las rentas generales; reforma tributaria nunca tuviste, y la estructura actual está lejos de ser progresiva, nunca renta financiera, reforma del código minero, etc; aumento de jubilación mínima por aumento de la recaudación, y achatando la pirámide; nunca reestatización de hidrocarburos; siguen bicicleteando la reforma de la ley de entidades financieras" y seguía..

Era su punto de vista. Capaz se olvidaba de la reestatización de las AFJP y alguna otra medida puntual, pero su pantallazo general parecía coherente.
En parte, es el discurso de fondo de PSur, más allá de las posiciones que toma día a día que lo hacen poco creíble.

Obviamente, la respuesta lógica es "hay tiempos en política papi, es fácil decirlo. El gobierno asumió con 22% en su principio y tuvo que lograr consolidarse. Luego, cuando quisiste poner las retenciones móviles tuviste 4 meses de lock-out, imaginate tocando los otros intereses!"

pero bueno, para pensar